Sección de Historia – 26/02/2024

Pensamiento y razón.

Juan Verde Asorey.

El pensamiento y la razón son facultades fundamentales del ser humano, que le permiten interpretar, entender y interactuar con el mundo que le rodea de manera consciente y crítica. Estas capacidades no solo distinguen al hombre de otros seres vivos sino que también son la base de toda creación cultural, científica y filosófica a lo largo de la historia de la humanidad.

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Sección de Historia – 19/02/2024

Obra de Godofredo Ortega Muñoz: entre el frío del alma y el oro viejo del otoño.

Jesús González Javier.

Godofredo Ortega Muñoz (1904-1982) fue un pintor cuya obra ha sido valorada por su capacidad para capturar la esencia del paisaje extremeño con una mirada íntima y profundamente personal. Su arte se sitúa en un punto de encuentro entre la observación detallada de la naturaleza y una interpretación emocional y simbólica del entorno. La frase "entre el frío del alma y el oro viejo del otoño" captura poéticamente la dualidad presente en su obra, donde el espectador puede sentir tanto la soledad melancólica como la cálida belleza del paisaje.

Ortega Muñoz fue un artista que, a lo largo de su carrera, experimentó con diferentes estilos y técnicas, pero siempre mantuvo un profundo interés por el paisaje. Su obra se caracteriza por una gran sensibilidad hacia los cambios de luz y color, elementos que utilizaba para crear atmósferas cargadas de emoción. El "frío del alma" alude a una dimensión más introspectiva y solitaria de su trabajo, donde el paisaje se convierte en un reflejo de estados internos, una ventana a la contemplación y a veces a la desolación.

Por otro lado, el "oro viejo del otoño" nos habla de su maestría en capturar los matices más efímeros de la naturaleza, esos momentos en los que el paisaje se transforma, adquiriendo tonalidades doradas que parecen evocar un pasado atemporal. Hay en su paleta una especie de nostalgia por lo perdurable, por aquello que, a pesar de cambiar, permanece en su esencia.

La obra de Ortega Muñoz invita a una contemplación pausada, a detenerse en los detalles y a apreciar la belleza en las escenas cotidianas del campo extremeño. A través de sus pinturas, el espectador puede experimentar ese diálogo entre la luz y la sombra, el color y la forma, lo eterno y lo efímero. Su habilidad para plasmar la quietud y al mismo tiempo, la vibrante vida del paisaje, constituye una de las grandes aportaciones del artista al arte español del siglo XX.

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