Un Tarot del cuerpo

. Stre el 9 y el 13 de julio, podremos disfrutar, en el Ateneo de Cáceres, de la exposición

Tarot del cuerpo

“Otra vez la incertidumbre de palpar las formas inusuales

Otra vez las formas inusuales de palpar la incertidumbre”

J.E.F

 

Tener el tiempo real como testigo y el arte como cómplice parece ser el modo de vida y de creación de Ever Cano, un artista que crece indeteniblemente en su apasionada tentativa de crear un universo icónico propio.

Ya en su exposición anterior, “Deux es Machina”, Ever atravesó con fortuna los complejos territorios del cuerpo desnudo como protagonista de sus imágenes. Armado, quizá de manera inconsciente (no lo se), de una iconografía empapada en las teorías queer, las que apenas están recién asumidas en la academia cubana, el artista indagó en zonas de lo corporal que son invisibles para otras personas. Probablemente, no solo para él y un grupo reducido de avisados, sino para todos los que la vieron, sobre la superficie de aquella exposición rondaba el aliento proteico de un concepto: el cuerpo como metáfora del universo. Pero el cuerpo otro, vale subrayar.

Vuelve ahora Ever Cano con las anatomías (lugar del goce  y del disfrute sexual) como emplazamiento de una nueva indagación: lo profético y adivinatorio del Tarot; el Tarot como escenario donde mostrar la desnudez plural de lo humano deseante y en la amplia libertad de la diferencia de géneros. Para su forma de concebir las imágenes, el artista reincide en ofrecernos el cuerpo como ofrenda, pero ahora con alguna insinuación más ambiciosa, el cuerpo como fuente de imaginación, como un más allá después del arte.

Para Cano, el arte parece ser algo no ajeno al hecho de estar vivo, el tema cuerpo lo testimonia, pero, a la vez, parece ser, también, un desafío intelectual al buscar ideas y conceptos desde las formas. Su imaginario revela que la cuestión de la identidad y el laberinto de los géneros son temas en los que reflexiona visualmente.

Es como un juego de espejos en los que el artista se mira y elabora sus imágenes. Cano encarna la identidad lateral de ese sujeto que ha sido siempre el otro. Lo asume así y lo propone en sus obras; no nos trata de convencer de su manera de pensar, pero nos exhibe con fuerza e inteligencia ese otro que compite tenazmente por el espacio social que le corresponde. En su obra anida el deseo, mezcla de lo intuitivo y lo consciente, pero deseo físico al fin. Sensibilidad  e intelecto a partes iguales.

El Tarot, utilizado como medio de consulta e interpretación de hechos (ya sean presentes, pasados o futuros), de sueños y percepciones o de estados emocionales, tiene siete siglos de existencia. Sus orígenes datan al menos del siglo XIV. Desde entonces la técnica básica de su operación consiste en la selección de cartas de una baraja especial, que luego son interpretadas por un lector con poderes excepcionales de adivinación, según el orden o disposición en que han sido seleccionadas o repartidas.

Siempre hubo un aliento filosófico sosteniendo este fenómeno, aunque después deviniera un asunto meramente adivinatorio. Desde luego, también en los inicios, fue una cuestión propia de la clase alta, democratizada más tarde entre los diferentes estamentos sociales. Pero a Ever el dato historiográfico solo cuenta en la medida que él necesita del Tarot para mostrar sus imágenes provenientes de la fotografía y de la composición.

La visualidad de sus cartas es el centro gravitacional de la propuesta. Como la historia del Tarot lo indica, muchos artistas en las diferentes épocas se encargaron de diseñar e ilustrar los distintos juegos que existieron. Es aquí donde entra el arte a jugar su papel y donde Ever aprovecha para gestar el suyo. La heráldica en Ever Cano es el cuerpo humano desnudo, sus poderes sígnicos y sus redondeces y alegorías eróticas.

Si al inicio el Tarot estuvo asociado al simbolismo egipcio, en este Tarot es el simbolismo del cuerpo el que domina el juego. Los arcanos en esta muestra o juego de Tarot que nos ofrece Cano son los misterios del cuerpo y del sexo. No hay otros, aunque la disposición de los objetos de cada carta encierra un misterio particular. El árbol de la vida, el misticismo o el ocultismo posibles que plantea el artista con estas imágenes es el que los cuerpos son capaces de configurar en su credo muy personal.

Llama pues la atención el vínculo entre el título de cada carta y el icono asociado a ella; en esa combinación gráfica está el arcano que Ever ha resuelto mostrar. Es su fotografía el centro gestor de la imagen. En ella reside la capacidad del artista de capturar el cuerpo en sus diferentes simbolismos, de manera que reitera una calidad icónica que refuerza su obra previa. Ahora la riqueza semántica de la propuesta es más críptica que en “Deus ex Machina”, pero sigue siendo el cuerpo desnudo el eje axial de la exposición. La obra de Cano escapa o se fuga de toda pretensión de pertenencia. Puede ser alegre, díscola, juguetona o melancólica a un tiempo.

Para los que siguen el trabajo creativo de Ever Cano este Tarot propio es todo un sistema de signos. Está armado desde el dominio fotográfico y las ideas de género que animan a su gestor. Para los públicos que degusten la muestra será un placer y un enigma adivinar la enunciación de cada carta; así como el complejo juego de imágenes que Cano ha elucidado. Pero lo que no ofrece duda alguna es que la densidad de su obra crece cada vez más."

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