Juan Antonio Molina. Presentación de libro

SOCTIEDIFEl jueves DÍA 21 en el salón de actos del Ateneo tuvo lugar la presentación del libro de Juan Antonio Molina titulado Socialismo en tiempos difíciles a cargo de Antonio Sánchez Buenadicha.

PRESENTACIÓN

Buenas tardes. En primer lugar saludarles en nombre del Ateneo de Cáceres. Una institución cultural que bajo el lema kantiano que preside esta sala, Atrévete a pensar, intenta hacer partícipes de la cultura a cuantos entienden que la información, el diálogo y la reflexión son condiciones para optar a la libertad, si, como es el caso en esta sede, se hace desde la independencia y la ausencia de servidumbres. Sirva también este saludo como invitación a todos ustedes a participar en nuestras actividades y a  aumentarlas con sus propuestas.
Probablemente la crisis de las concepciones teóricas tenga su eclosión a partir del final oficial de la Guerra Fría, cuando se consagra que las teorías habían fracasado mientras la nueva ideología del mercado libre ha eliminado todas las oposiciones imponiendo el antiintelectualismo. Un duro golpe para las ciencias humanas como se constata en el trato dispensado a la Filosofía en el currículum de la enseñanza en España. Porque es imprescindible educar para el mercado, es decir para aceptar un trabajo precario, un sueldo miserable y unas condiciones esclavistas, pero no se debe permitir que alcancen un pensamiento crítico, que aprendan a reclamar, mucho menos a protestar y evitar que puedan llegar a pensar que otra sociedad, otro mundo, es posible. No menos ejemplarizante es esta institución ateneística que sobrevive gracias a la generosidad y esfuerzo de sus socios sin haber recibido un solo euro público en los últimos cuatro años. Los conceptos típicos de la derecha, el fin de las ideologías de Fukuyama o la inevitabilidad de las cruzadas civilizadoras de Huntington, conceden una dimensión espectral a nuestros esquemas de pensamiento. El yo cartesiano, el ciudadano sujeto de derechos ilustrado, la comunidad de seres racionales de Kant y todo lo que ha servido de base para conformar las sociedades modernas están comenzando a perder vigencia.
Precisamente por eso este libro era necesario.
El libro que nos reúne hoy es en primer lugar el relato de un periodista contrastado en sus tareas en Andalucía motor, El Sol del Mediterráneo, Crónica del sur, Diario 16 y emisoras como Antena 3 radio. Es la narración de una situación, la actual, descrita por un espectador, como lo fuera Ortega y Gasset, a quien tanto se le cita en estas páginas. Es también un análisis de esa situación, como corresponde a un politólogo de fino instinto y ágil pluma demostrada en sus publicaciones que abarcan desde el ensayo a la poesía pasando por la gastronomía. Pero es sobre todo el testimonio de un hombre que ha adoptado un compromiso político a fuer de ser ético. Porque el autor no se acomoda en la neutralidad sino que se pone de parte de algunos de los protagonistas de la historia. De la mano de Albert Camus toma partido no por los que hacen la historia sino por los que la sufren.
El lector no solo encontrará razonamientos personales sino que se sentirá acompañado por pensadores de todas las épocas y disciplinas en un alarde de erudición que revela a un ávido y atento lector abierto a todas las ideas provechosas que lejos de pretender epatar, lo que conduciría al hastío, vienen oportunamente al caso para ilustrar y o resumir una idea. Así, con los clásicos, Pitágoras, Aristóteles, Platón y Séneca, nos percatamos de que hay valores permanentes. Maquiavelo nos hará comprender que los métodos del poder son siempre los mismos. A través de Friedman y Lyotard nos acercamos a los más granado del neoliberalismo. Sahkespeare se presenta con las pasiones que acompañan a los hombres. Habermas, Touraine, Marcuse, Azaña y Krugman nos alumbran con otras formas de gestión socioeconómica mientras Bobbio abre las puertas del nuevo socialismo, que quizás sea el viejo socialismo. Hasta la poesía, el cine y el teatro sirven a nuestro autor para ejemplarizar sus ideas y así  encontramos a Goethe, y Juan Ramón, a Ibsen confrontando el interés del pueblo con el de los poderes económicos  o a Ingrid Bergman en Casablanca lamentándose del mundo que se derrumba.
El libro recoge artículos publicados en distintos periódicos nacionales y extranjeros desde el año 2012. Su intención queda clara desde las primeras páginas: “Es necesario abrir un espacio de reflexión en la izquierda para subsanar la crisis que padece, que es una crisis de posición y de función dentro de la sociedad española”. Frente a la actuación pretendidamente técnica de la derecha pero fuertemente impregnada de ideología es necesario elaborar un discurso progresista que no solo sea la voz de los otros sino que sea la representación de la sociedad en su conjunto y a la vez su portavoz.
Creo entender que este libro contiene dos temas fundamentales aunque sea una línea continua en la que se entremezclan ambos. Uno primero en el que se diseccionan la crisis y la metodología que lleva a cabo la derecha para superarla. Un segundo que retrata el papel que desempeña el socialismo en ese contexto y en el que se apuntan los caminos por los que debiera caminar la socialdemocracia. Como apéndice revelador, una reflexión sobre la transición española y una conclusión acerca del separatismo.
Respecto a la crisis acaso bastara repetir las palabras de Juan Antonio: la gran estafa y el gran trampantojo. O cuando, en fin, se apoya en palabras de García Montero para poner de manifiesto que las políticas adoptadas  “muestran una extremada crueldad, una gran falta de compasión”
Probablemente los bien pensantes, los postmodernos y los ilusos bajarán de la nube cuando escuchen a Buffet decir: “ Claro que hay guerra de clases y la han declarado los ricos. Y la está ganando mi clase, la de los ricos” No menos despertares suscitará el saber que en 2007 el superávit de España era superior al de Alemania y la prima de riesgo andaba por los suelos y eso no sirvió para evitar la catástrofe. ¿ Cómo ha sido posible? Porque según nuestro autor las crisis si no son reales se inventan para conseguir un fin: trasvasar la deuda privada a lo público y la riqueza pública a los poderes económicos y la de los ciudadanos a los bancos. Esta crisis y las medidas adoptadas no pretenden soluciones a corto plazo sino construir otro modelo de sociedad, más desregulada, con salarios más bajos, con menos derechos, con un Estado débil, con los servicios privatizados. Es por lo tanto una reforma ideológica cuyo objetivo es lograr que la justicia, la solidaridad, la igualdad y  las libertades no obstaculicen los intereses de las élites económicas. Y para  eso se demoniza a todo lo que pueda suponer una rémora: Se criminalizan las huelgas y las protestas, se acusa a la población de vivir por encima de sus posibilidades, se incrimina a los funcionarios, se banalizan las asociaciones solidarias, se desprecian las instituciones. Lo único que no se privatiza es la cultura porque no incrementa el bolsillo de inmediato,  aunque se secuestra mediante subvenciones y se institucionaliza. En una palabra, se ha roto el contrato social. El adelgazamiento del Estado hace imposible que este sea el garante de un pacto social, de manera que la ciudadanía pierde derechos y el miedo, al paro, a la inseguridad, a la enfermedad, a quedar embarazada, se reaviva y acaba por someter a los hombres. Puesto que, según ellos, la libertad surge en ausencia de normas esta queda restringida para los poderes económicos.
Y sin embargo las palabras crisis, rescate, pobreza no están en el vocabulario de la derecha porque como decía Pérez de Ayala, “cuando la estafa es enorme toma un nombre decente” y la frase talismán es reformar para crecer. Modernizar, he aquí el tótem. Pero resulta que modernizar es volver a la situación anterior a la llegada del estado del Bienestar, ese estado  que estábamos comenzando a recorrer. Como si fueran una religión nos prometen un futuro mejor para lo que es necesario un sacrificio. ¿ Alguien ha estado en el futuro?, se pregunta el autor.  Las ideas han sido sustituidas por la pragmática. Las buenas ideas son las que funcionan, nos dicen. Pero ¿ para quién funcionan? Las  palabras de Lyotard, “ para qué queremos metanarraciones si con la gestión nos basta?” le resultan reveladoras.
Italia le sirve de ejemplo. Un gobierno impuesto, que no tiene programa sino que obedece a los dictados que le llegan de fuera, que no se ha presentado a elecciones, que hace lo que le manda un organismo europeo que no es representativo ni electo. ¿ Es eso el futuro? ¿ Es eso la UE que con tanto afán buscábamos como una panacea?
La segunda parte que quiero resumir comienza con una pregunta: ¿ Se puede elegir? Es decir, ¿ hay alguna alternativa?
Uno de los efectos de la transición fue la constitución del PSOE como alternativa de gobierno. Para llegar a tal destino fue necesario que  mientras la derecha no renunció a nada, y ahí están para demostrarlo los entes que no la han hecho, tales como la banca, el capital, los medios de comunicación, la Iglesia Católica, etc, la izquierda tuvo que hacer muchas renuncias, incluso de algunos símbolos.  Como consecuencia la socialdemocracia se convirtió en un gestor que paliaba pero no reformaba en profundidad. Hacía recortes pero menos dolorosos.  El socialismo no puede ser una adaptación sediciente, reitera. Lejos de reconocer la realidad antagónica de la sociedad y tomar partido se amparó en la pretendida neutralidad de la tecnocracia. Aunque el autor no lo cita, todos recordamos aquel famoso “ gato negro o gato blanco, lo importante es que cace ratones”. De ahí que se vea a la izquierda como un matiz de la derecha que ha perdido su capilaridad con las bases y con la mayoría progresista de la nación. Por todo lo cual Juan Antonio, inspirado por Galeno, le diagnostica una enfermedad: inmunodeficiencia ideológica, que conlleva la más grave de las desgracias: la falta de ideología, o como dice él, la ideología de la no-ideología. Echa en falta una alternativa ideológica y programática dado que parece reducirse la actuación política a un plan de contabilidad que cumpla con los dictados externos.
Porque la sociedad se reconoce en ideas y principios pero la tecnocracia no genera adhesiones trae en su auxilio a Habermas y a Rawls para reclamar una reafirmación ideológica, una reorganización y sobre todo volver a la política y desde ella constituirse en alternativa, no en alternancia, en proyectos no en adaptaciones.
Ser de izquierdas le parece un compromiso ético pues comporta querer transformar la sociedad para hacerla más justa y solidaria. “ El socialismo no es filantropía”, asegura. Es una opción incómoda en tanto en cuanto es ética.
Y ha sido el abandono de la teoría, el llamarse partido de gobierno quien le ha alejado del electorado. Porque no es importante que te digan que eres partido de gobierno sino quién y por qué te lo dice. No es significativo que te llamen responsable sino quién y por qué te lo dice. Y la prueba es que los populismos y la extrema izquierda se han hecho con el electorado socialista al recoger los postulados que este abandonó.
¿ Se puede elegir? Queda pendiente una reforma impositiva y la lucha contra el fraude fiscal, por ejemplo, tantas veces anunciadas, demandadas por las bases y la mayoría de la población y que darían solución a todos esos problemas económicos que según la derecha no tienen otra solución que el recorte y la privatización.
Por lo que se refiera a Cataluña, lúcidamente asegura que mientras las comunidades y nacionalidades han desarrollado el sentido de pertenencia y la adhesión a sus símbolos, se han dejado  los símbolos y la nacionalidad española en manos de unos cuantos, a lo que se suma la incapacidad para ofrecer un programa atractivo con el que se pudiera convocar a todos para realizar un futuro. Una dirección que parte de una transición que, agudamente señala, no se hizo de la legalidad a la legalidad sino de la ilegalidad, el régimen franquista, a la legalidad y que  no ha sido tan ejemplar como nos han querido hacer ver  porque ese relato lo han hecho quienes la protagonizaron, políticos y periodistas, y por lo tanto es interesado. Basta saber que la transición consagró el hecho de que los poderes no democráticos controlen a los democráticos. Ahí está el IBEX 35 exigiendo el gran pacto de gobierno.
No quiero acabar estas palabras sin referirme a dos cuestiones que se consideran en este libro. En primer lugar al papel de los intelectuales. Me pregunto si no ha existido y existe un propósito de echarlos de la vida política. Creo que los partidos, efecto también de la transición, funcionan como una iglesia. Un papa nacional, unos obispillos regionales y unos párrocos provinciales y locales que se sienten nimbados por la infalibilidad, aunque en distinto grado, cuyas decisiones suelen aprobarse por unanimidad. En estas circunstancias es impensable que los intelectuales puedan desempeñar un papel de relevancia pues su ADN les impulsa a ser críticos. Aquel famoso “ no es esto” de Ortega. Y sin embargo nos dice la historia que en todo cambio relevante de la sociedad han existido intelectuales que han elaborado teorías filosóficas, políticas y éticas con las que pudieran orientarse los ciudadanos y los gobernantes. Los sofistas en la democracia griega, los humanistas del renacimiento, los ilustrados en el surgimiento de las democracias occidentales, la institución Libre de Enseñanza en la España republicana. Hoy se pretende que no exista otra cosa que pragmatismo y pensamiento único.
Y finalmente quiero terminar con unas palabras de Camus que, en mi opinión, resumen lo que significa ser de izquierdas. “ Debemos imaginar a Sísifo dichoso”. Porque el Sísifo de hoy, es decir, los que vienen en pateras, los refugiados, los parados, los quinientoeuristas, etc, también merecen ser dichosos y ser de izquierdas significa saber que no es la naturaleza quien origina las desigualdades sino la cultura, la historia, y que la historia se puede y se debe cambiar. Esa es la tarea a la que nos convoca una ética personal y social que debe ser el motivo de la vocación política.

ANTONIO SÁNCHEZ BUENADICHA

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http://ateneodecaceres.es/2017/11/16/conferencia-los-yanomamis/Esta tarde a las 20:00 horas se presentará la revista El miércoles 29 de noviembre comienza en el Ateneo un curso de 8 sesiones para aprender a #hablarenpúblico, dirigido por Maruchi Leon Alvarado.

Programa completo, condiciones y ficha de inscripción (para socios y no socios) aquí:

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